Uno podía hablar durante horas sin decir aparentemente nada. El otro era capaz de arrancar una carcajada con un simple gesto.
Este año, el altar de muertos de La Mordida Bernabéu está dedicado a dos grandes nombres de la comedia: Mario Moreno, Cantinflas, y Tony Leblanc.
Dos artistas que conquistaron al público de México y España con estilos muy personales y que demostraron que el humor es uno de los mejores idiomas para unir a las personas.
Mario Moreno (1911-1993), universalmente conocido como Cantinflas, nació en Ciudad de México y se convirtió en uno de los grandes iconos del cine mexicano.
Su personaje, con sus pantalones caídos, su pequeño sombrero, su bigotillo y aquella manera tan peculiar de hablar, representaba al hombre humilde que conseguía salir de cualquier situación gracias a su ingenio.
Películas como Ahí está el detalle, El padrecito o El barrendero lo convirtieron en un ídolo popular.
Su talento traspasó fronteras y llegó hasta Hollywood, donde participó en La vuelta al mundo en 80 días (1956), película por la que ganó un Globo de Oro. Su forma de hablar fue tan característica que incluso dio origen a una palabra reconocida por la Real Academia Española: cantinflear.
Tony Leblanc (1922-2012) fue uno de los grandes cómicos del cine español. Nacido en Madrid, destacó como actor, bailarín, humorista y showman, convirtiéndose en uno de los rostros más populares del cine y la televisión durante los años cincuenta y sesenta.
Películas como Los tramposos, Las chicas de la Cruz Roja o El tigre de Chamberí forman parte de la memoria cinematográfica de varias generaciones.
Su carrera tuvo una segunda etapa de popularidad cuando Santiago Segura lo recuperó para la película Torrente, el brazo tonto de la ley (1998), por la que ganó el Goya al mejor actor de reparto. También recibió el Goya de Honor por toda su trayectoria.
Cantinflas y Tony Leblanc representaban dos formas distintas de hacer comedia. El mexicano dominaba el arte de enredar las palabras hasta convertirlas en carcajadas. El madrileño era un maestro del humor castizo, la picaresca y la interpretación gestual.
Dos personalidades enormes que compartieron época, oficio y el cariño de un público que todavía los recuerda con una sonrisa.
En La Mordida Bernabéu hemos querido reunirlos en nuestro altar de muertos como homenaje a sus carreras y a esa capacidad extraordinaria de alegrarnos la vida.
Porque hacer reír es un talento. Conseguir que te recuerden con una sonrisa, incluso después de tantos años, es algo mucho más grande.
¡Por Cantinflas, por Tony Leblanc y por todas las risas que nos regalaron!